Escuela de Ingeniería Industrial

 
 

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Misión Académica Costa Atlántica 2015 (Crónica Completa)

MISIÓN ACADÉMICA COSTA ATLÁNTICA, UN ACERCAMIENTO A

ESPACIOS INDUSTRIALES, CULTURALES Y DE CONCIENCIA

AMBIENTAL




Después de un arduo trabajo de organización en equipo y de recolectar fondos a través de siete actividades durante meses, los estudiantes de sexto semestre se alistaban llenos de expectativas y ganas para el viaje de la tan anhelada misión académica nacional. Ahora les correspondía a ellos. Era el sábado 17 de octubre de 2015 en la mañana y su vuelo ya estaba por salir de Cali a Cartagena. Los esperaba la playa, brisa y mar, pero también seis visitas académicas e industriales que ellos mismos eligieron y organizaron con el apoyo y acompañamiento del programa académico de Ingeniería Industrial de la Universidad del Valle, además del auxilio económico de $370.000 pesos por persona, asignados por la Escuela de Ingeniería Industrial.

El programa académico propone la misión al semestre, y son los estudiantes los que deben hacer toda la “auto-organización”. La ciudad, las empresas, la logística, los contactos, y la gran mayoría de fondos deben ser gestionados por ellos. Los profesores hacen acompañamiento a las reuniones, asesorándolos, facilitándoles algunos procesos, como el envío de cartas institucionales, entre otros. El profesor Camilo Mican, director del programa académico, y uno de los profesores que viajaron con los estudiantes, cuenta que la importancia de estas misiones radica en dos objetivos claves: en primer lugar “el desarrollo de competencias personales que en un aula de clases muy difícilmente se pueden desarrollar a este nivel”. Y en segundo lugar, lo cultural y profesional como un solo objetivo. “Venimos a conocer puertos diferentes, otro tipo de personas en las calles y formas de ver la vida, venimos a ver ciudades que tienen economías mixtas, que viven de la parte industrial, como de la parte del servicio como el turismo; y acercarse a otras realidades empresariales y contextuales”.

Para algunos de ellos, era su primer viaje en avión, para otros su primera vez en la Costa, para unos pocos, asombrarse con el calor tan espantoso, y para todos una gran aventura de conocimientos y experiencias. Este fue el fruto del trabajo de todos como semestre, bajo el liderazgo de los siguientes estudiantes elegidos por votación democrática: Juan José, gerente general de la misión; Carolina Meneses, líder misión cultural; Daniela Becerra, coordinadora de finanzas de la misión; y además de ellos, Paola Prado, líder comité logístico y Alexander Angulo, líder comité académico, que no pudieron viajar.

Como la idea era aprovechar el tiempo, y efectivamente lo aprovecharon al máximo, aparte del calendario académico establecido, estaban “las actividades culturales y nocturnas, que estando en este lugar no podíamos perdernos, ni dejar de visitarlas para enriquecer nuestra cultura” cuenta Carolina. Y es que eso de que la juventud está llena de vida, no es sólo una frase. La energía les alcanzó para trasnochar y madrugar. Transportándose en un bus, que habían reservado desde Cali, durante toda la semana, y rodeados todo el tiempo de música caribeña y tropical “Quien la ve, quien la ve, bailando así, bailando champeta, 'ta espelucada...” se embarcaron en esta misión nacional. City Tour en Cartagena; un día en Barú con almuerzo incluido, snorkel, gusanito, moto acuática; centros comerciales, discotecas y restaurantes en las distintas ciudades; el Rodadero, Riohacha y sus mochilas Wayúu.



ESCUELA NAVAL

Bajo la ecuación “Poder marítimo = intereses marítimos + poder naval”, Roberto Carlos Ángel, Capitán de Fragata, hace énfasis en la importancia del mar para todos, pues esa extensión de agua que incluye el océano pácifico y el mar Caribe, representa para Colombia casi el doble de la superficie terrestre: 928.000 km2, además del valor de la economía marítima para el país. Precisamente por eso, como dice él “la armada nacional contribuye a la defensa nacional para fortalecer ese poder marítimo” y debe ser un tema de interés nacional, ya que por falta de visión como afirma Angel, perdimos a Panamá, y hemos tenido los problemas con Nicaragua, sobre San Andrés, entre otros.

Esa defensa y amor por el mar es uno de los pilares de la Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla” que nació en 1935, y de los jóvenes que ingresan a la institución, y que se quedan por vocación, pues esta carrera naval militar no es para nada fácil. La primera prueba la pasan los tres primeros meses aislados completamente de todo el mundo externo, de su familia y la tecnología, con exclusiva formación militar y del carácter, que les permitirá saber si deciden continuar y hacer su juramento a la bandera como cadetes. De ahí en adelante son 4 años de Escuela, en los cuales se dedican a estudiar desde el primer día; y la antigüedad, pero sobre todo la disciplina y el trabajo fuerte para lograr ser el mejor, tanto en el estudio como en lo naval militar, en un ambiente de suprema competitividad, se ve reflejado en recompensas, privilegios y oportunidades como comisiones de estudio en el exterior, mandar sobre el batallón, o al graduarse ir al mejor buque, mientras que los demás van a las fragatas, buques oceanográficos, patrulleras de ríos o submarinos, sistemas de vida más complicados.

Y aunque todo es enmarcado por la exigencia y formación militar, los cadetes también aprenden dos carreras profesionales, desarrollan muchas habilidades deportivas, aprenden técnicas de supervivencia en tierra y agua, manejo de armas, y diversas asignaturas y prácticas que tienen como fin crearles ese espíritu marinero, donde aprenden a navegar, a montar la vela, y a ubicarse a través de las constelaciones de estrellas. Para eso tienen laboratorios de simulación en navegación, pistas deportivas y de entrenamiento como la de triatlón, prácticas en las balleneras, y cuentan con un aula especializada en navegación astronómica, el cual se trata del planetario. Desde el tercer año, además, se embarcan en el buque Escuela ARC Gloria, que es el Embajador flotante de Colombia en los mares del mundo, y el buque insignia de su academia naval, durante seis meses alrededor de la tierra poniendo en práctica todos los conocimientos adquiridos. “Estuvieron en Alemania, y ahora están en el Mediterráneo” cuenta Roberto Carlos, también Decano de la Facultad de Ingeniería.

Los estudiantes de Ingeniería Industrial pudieron recorrer todas estas instalaciones el lunes 19 de octubre, y a través de la guía del decano y la historia que les iba contando, pudieron no sólo llevarse una idea de lo que significa ser un cadete (tal como el programa de “Cadete por una semana” que desarrolla la Escuela) sino que salieron de allí con aprendizajes básicos en astronomía, donde durante casi una hora y en total oscuridad pudieron entender la importancia de los astros para la ubicación geográfica en cualquier parte de la tierra. Asimismo, conocer las diferentes constelaciones más notorias, ubicarlas de acuerdo a los puntos cardinales y las diferentes horas entre el crepúsculo matutino y el vespertino, hasta por dos semanas después lo que vieron allí. Y aparte de todo dimensionar lo pequeños que somos en el universo, cuando la estrella conocida observada es 1000 millones de veces más grandes que el sol, y este es un millón de veces más grande que nuestro planeta, imaginemos entonces a las personas.



BAYER

Después de tres horas de viaje llegaron a Barranquilla el mismo lunes 19. Al otro día madrugaron hacia la planta de producción Bayer CropScience, ya que ésta no se encuentra en la capital sino en el municipio de Soledad, Atlántico. Un lugar estratégico por su ubicación geográfica, por el acceso a la materia prima que viene del extranjero a través del puerto marítimo (el puerto de Barranquilla al que irían posteriormente), además de que cuentan con un centro logístico propio.

Una de las condiciones para la visita era el tipo de vestuario, jean, camisa manga larga, y botas industriales, una antesala no solo al calor tan impresionante que estudiantes y profesores iban a vivir durante el recorrido de aproximadamente una hora, sino además de todo un sistema de seguridad industrial, ocupacional, y ambiental que tienen de principio a fin. Desde su personal capacitado: el Supervisor de “Salud, Seguridad y Ambiente”, Edgar Muñoz, que recibió y guió esta visita (la primera vez de la Universidad del Valle en esta planta); Pilar, una profesional en Ingeniería Industrial de la Universidad del Norte encargada del proyecto con la comunidad MACONDO SER; hasta todo el proceso de producción, sistematización y automatización (con salas de monitoreo y cámaras de vigilancia) de esta planta de producción agroquímica (mezclas para los agricultores), una de las líneas de Bayer, que no sólo produce productos farmacéuticos, como lo conoce el común de la gente.

Con una charla introductoria, y otra final (para refrescarse en una sala de aire acondicionado), y el recorrido por las distintas áreas de producción (envases y formulación de insecticidas; área de formulación de herbicidas, separada de la anterior; planta de emulsiones concentradas; área de tanques de almacenamiento al aire libre; planta de tratamiento de aguas industriales y domésticas separadas; y planta de empacado) los estudiantes pudieron apreciar no sólo los distintos procesos muy bien organizados, según su opinión, sino toda una política amigable con el medio ambiente y de responsabilidad social, en la cual todo tiene una razón de ser y está elaborado y puesto cuidadosamente, haciendo honor al slogan original de Bayer “Ciencia para una vida mejor”.

Las distintas plantas y áreas cuentan con áreas electroestáticas delimitadas para evitar explosiones por gases inflamables; sistema de ventilación y techos altos en láminas de poliuretano para evitar y extraer el calor y la concentración de olores químicos, además de equipos de protección respiratoria. Pisos claros y de concreto reforzado, además de levantamiento en éstos, para evitar derrames de líquidos, los cuales conducen a una piscina de contención; migración de solventes derivados del petróleo, a solventes en agua y aceite; incineración de productos peligrosos y reutilización del agua en procesos de formulación.

Además de lo anterior, en la parte social tienen campañas para la reutilización de envases, y concientización en la comunidad y colegios, por el riesgo de fuego en épocas como el Día de la Virgen por los voladores que acostumbran a lanzar. Cuentan con capacitaciones para la gente, para la formación de microempresas; y en cuanto al personal de la planta, tienen 160 trabajadores fijos, repartidos en grupos de 35 trabajadores por cada turno de 8 horas; igualmente, los impuestos benefician al sector aledaño (barrios estrato 1 y 2). Muy en sintonía con la opinión de la profesora de RSE, Martha Lucía Quintero, quien también viajó con los estudiantes, y resalta la importancia para ellos “porque les mostró de forma general el impacto que tiene una organización, no sólo en lo ambiental, sino todo lo que tiene que ver con la comunidad”, además señala el estudiante Jean Pierre Rivera “saber que Bayer tiene compromiso con la gente de Soledad es reconfortante”.

Y aunque “toda industria genera un impacto, se busca que sea el menor impacto posible” como afirma el anterior jefe del señor Muñoz, quien muy amablemente compartió su tiempo en esas charlas con los estudiantes, en las cuales hizo énfasis en la constante investigación, uno de las énfasis de Bayer, y que de un tiempo hacia acá vienen incursionando en el tema de la producción de semillas, como por ejemplo en el Centro de Investigación en Candelaria, Valle.



UNIVERSIDAD DEL NORTE

En la tarde, después de cambiarse y almorzar, visitaron esta universidad en Barranquilla, ciudad de brazos abiertos, que alegre se baña en las aguas del río Magdalena. Uninorte como en Curramba la llaman, es cariñosa y muy cálida, profesores y estudiantes estuvieron pendientes de sus visitantes para mostrarles en detalle sus instalaciones y procesos formativos.

En ella se gestionan eventos de capacitación y ferias, en las que pueden participar el grueso de los estudiantes de Barranquilla y la región, tanto de ingeniería industrial como de otras áreas del conocimiento. La idea es contar con profesionales integrales, con la formación suficiente para desempeñarse de forma profesional, pero también con la sensibilidad social que requiere el país. Uninorte se caracteriza por su contenido social y humanístico, además por generar procesos de fundamentación científica e investigativa, tal como cuenta Gisselle García, la Directora del Departamento de Ingeniería Industrial, y guía de la visita, y que reafirma la profesora Martha, destacando los grandes esfuerzos que hacen.

Su arquitectura es fascinante. Edificios de diseños ingeniosos, permiten ver el esfuerzo constante por mantenerse a la vanguardia de la educación superior en el país y fuera de él. Sus laboratorios cuentan con tecnología de punta y sus aulas y zonas de descanso tienen la organización adecuada para que los estudiantes vivan la mejor experiencia educativa. Sus herramientas virtuales facilitan el seguimiento a lo que pasa en las aulas: qué comportamientos tienen dentro de las clases los estudiantes, en qué parciales les va mejor, cuáles temas son más complejos y cuáles estudiantes son sobresalientes. También puedan diagnosticar las clases, observar y analizar el trabajo de los profesores para posteriormente hacerles recomendaciones y dictar talleres que les permitan comunicar mejor sus conocimientos.

Para los visitantes de ingeniería Industrial de La Universidad del Valle fue grato haber podido conocer otras instalaciones universitarias, donde claramente se nota la diferencia a nivel de infraestructura y recursos disponibles. Sin embargo, esta visita también les permitió establecer diálogos con sus semejantes en Barranquilla, en los que pudieron confirmar que en la Universidad del Valle la formación es de alta calidad, a pesar de las dificultades económicas que la educación pública afronta en el país. Queda como aprendizaje la necesidad de seguir poniendo en alto el nombre de la Universidad del Valle y continuar con los esfuerzos para que las Universidades públicas se pongan a la vanguardia tecnológica que requieren. Y claro, el agradecimiento eterno con la hermana Uninorte, con quien siempre se han tenido relaciones cordiales y de mutuo respeto en la búsqueda por la excelencia.





PUERTO DE BARRANQUILLA

Miércoles 21 de octubre. Son las 9:00 de la mañana en el Puerto. En la entrada Juan José, líder general de la misión, toma la batuta y anuncia la visita de la Universidad del Valle. Con Nathalie Daccarett, Analista de Mercadeo del Puerto y quien va a ser la guía, validan la lista y hacen llamado a cada uno. No hay necesidad de bajarse del bus, pues el recorrido se va a hacer dentro del mismo, por cuestiones de seguridad, ya que no está permitido entrar a ninguna área operativa.

Nathalie empieza a mostrar las zonas y contenedores, a la vez que cuenta que el Puerto de Barranquilla cumple 80 años de creación en el 2016. Este primer puerto que tuvo Colombia, ubicado cerca del municipio Puerto Colombia justamente, dejó de tener administración estatal en 1993, debido al Estatuto de Puertos Marítimos, que se creó con la reforma constitucional de 1991, y pasó a manos de la Sociedad Portuaria de Barranquilla quien la recibió en concesión por 20 años, y en el 2007 por 20 años más.

Una de las visitas más esperadas por estos futuros ingenieros industriales por el tema logístico, en la cual estuvieron muy participativos haciendo preguntas a la guía, quien estuvo contando todo el camino sobre los tipos de carga que manejan (carga granel, entre ellos uno muy frecuente que es el coque y granos como trigo, maíz, arroz, harina, los cuales “se importan de Cánada, Argentina y Estados Unidos, porque Colombia no es un productor suficiente de granos”, según explica Daccarett. Asimismo, contenedores y carga general relacionada con acero, tuberías, rollos de alambre, que se almacena en patios exteriores. Para muchos de ellos fue interesante la cantidad de contenedores, y las máquinas que los cargan, así como los buques con cargamento en alta mar, y como comenta una de ellas, Karen Trujillo, acerca de la planeación y distribución de la planta “son experiencias que te ayudan como profesional porque tú conoces y aprendes cómo funciona el puerto”.

La analista de mercadeo también explicó los procesos logísticos y de control, el tema de las inspecciones que realiza el puerto, pero también entidades como la policía antinarcóticos, la DIAN, el ICA y el INVIMA, en zonas separadas y restringidas de exportaciones e importaciones; la forma de las inspecciones manuales, pero de acuerdo a una medida del gobierno nacional, también inspecciones con scanner a partir del 2016. Las restricciones dependiendo del tipo de mercancía, en las que se piden certificados y documentación asociada al tipo de carga; las medidas ambientales como el riego para la humectación y conservación del producto, o los árboles polisombra como barreras naturales que lo rodean y evitan la contaminación. Los sistemas de descarga, la plataforma de refrigerados y el control de la temperatura; los controles del peso a través de básculas, por regulaciones de la malla vial del país para que ésta no se vea impactada, y muchos temas más, fueron producto de una buena interlocución entre los estudiantes y la guía, quien estuvo siempre dispuesta a responder sus inquietudes.



BOCAS DE CENIZA

Después de salir del Puerto y antes de almorzar, el rumbo era hacia este destino mágico pero olvidado. Se llega al punto de partida de pequeños y coloridos vagones conducidos por los habitantes del sector, que además encarrilan cada tanto el vagón cuando esté se va saliendo un poco del camino de herradura. El camino parece largo, pero el paisaje, la lluvia de mariposas y libélulas, y ese maravilloso encuentro gradual entre el mar Caribe y el río Magdalena, razón de este lugar, hacen el camino más corto y agradable. Pero el camino en trencito, sólo es hasta la mitad del camino aproximadamente. O así parece, porque la caminata hasta la punta de este encuentro cenizoso, es larga y acalorada, en medio de un camino pedregoso, y lleno de basura (plásticos, zapatos, botellas, entre otros), y “el aspecto ambiental que el rio trae consigo” agrega el estudiante Sebastián Ojeda. Un lugar natural que los estudiantes recordarán y que se llevarán en medio de todo este viaje, como un recuerdo de concientización ambiental.



EL CERREJÓN

Uno de los viajes más cortos y más largos entre ciudades. Primero dos horas y media viajando a Santa Marta, o un poco más, por la parada en Ciénaga Magdalena para almorzar en un restaurante muy peculiar llamado Popeye, con acceso a la playa, hecho que los estudiantes no desaprovecharon. Y al otro día madrugando a las 4:00 a.m. para viajar al Cerrejón en la Guajira, cerca del municipio de Albania, durante un poco más de 4 horas. Un largo camino que da tiempo para recuperar el sueño, desayunar, ver el amanecer, parar por el paso de “carga extra larga y extra ancha” y hasta ver la venta de gasolina en la carretera.

A las 9:00 a.m. se había programado estar en el Cerrejón, y se cumplió la cita. Luego de verificar la lista de personas autorizadas y dar las indicaciones de seguridad, se comienza un recorrido de una hora y media en autobús. La encargada, Catherine Pineda comienza contando que se encuentran en la parte Norte de la Mina, vía hacia Maicao. Se observa una de las minas de exportación más grandes a cielo abierto en el mundo. Los taladros que perforan hasta mil huecos de 10 a 15 metros se van mostrando lentamente. Dice la guía mientras indica hacia su derecha, que son máquinas de palas blandas con pH de palas eléctricas que trabajan con 7200 voltios. “Estas máquinas exploran únicamente 250 metros máximo porque más allá es poco rentable”. Y es porque un camión gasta 1400 galones de combustible todos los días y son más de 300 camiones que cuestan de seis a nueve mil millones de pesos, sin contar el mantenimiento preventivo. Además de contar con 14 mil obreros en su mayoría guajiros.

Parece que la mina de carbón fue descubierta en un caserío por los guajiros, pero el gobierno ratificó la existencia de la mina luego de un estudio científico realizado junto con un norteamericano llamado John May. El yacimiento localizado en la cuenca del Río Ranchería se divide en tres grandes zonas. Cerrejón Zona norte, Cerrejón Zona Central, Cerrejón Zona Sur. La mina de la Zona Norte anteriormente pertenecía a INTERCOUR, una empresa filial de EEUU y el 50% pertenecía a Carbocol, una empresa colombiana. Sin embargo, en el mandato de Andrés Pastrana se cede a un consorcio de Suiza, Sudáfrica e Inglaterra, y hasta el 2034 las tierras y la maquinaria llegarán a manos del Estado colombiano.

Mientras se continúa el recorrido, Catherine cuenta que hay más de 190 kilómetros de vía férrea, en la que transitan 13 locomotoras, cuatro de ellas de última tecnología con capacidad de 4400 caballos de potencia. Salen de la mina 110 toneladas de carbón en nueve trenes repartidos en 580 vagones. Circulan 5 trenes en la mañana y 4 en la tarde con una carga de 11 mil a 12 mil toneladas hacia puerto Bolívar. Toda la carga va con destino hacia los países europeos.

Así, la guía va indicando todos los lugares del yacimiento: las bodegas de almacén, el taller de equipos pesados más grandes del mundo, el kilómetro cero, en donde se extrajo la primera tonelada de carbón hace 30 años y hasta las tierras rehabilitadas. Dice, Diego Muñoz, estudiante de Ingeniería Industrial, que es llamativo esa parte del cuidado y el control que tiene para la protección del medio ambiente y le llama la atención “la parte colosal que gasta los camiones en combustible”. Además le parece interesante la parte de los cuidados laborales hacia el trabajador que interesa a la Ingeniería Industrial. Por otro lado, al estudiante Sebastián Ojeda, le asombró su magnitud, dice que le hubiera gustado estar más cerca “pero alcanzamos a dimensionar el tamaño de esa mina que es muy grande y que extraen demasiado carbón, y me gustó que después de haber excavado tratan de dejar el bosque como lo tenían”.



ZONA FRANCA Y DESPEDIDA MISIÓN

Nuevamente regresan a Santa Marta, en el mismo trayecto largo. Al otro día despiertan y se alistan para su última visita académica, la Zona Franca de Santa Marta, que habían elegido por el tiempo de respuesta positiva de la empresa, y la facilidad en el proceso de aceptación de la visita. Sin embargo, esta fue la única visita fallida, debido a que se encontraban en Auditoría, y no había personal para recibir la visita. Allí mismo en la entrada se enteraron, porque como dice el líder general “mandaron un correo de la Zona Franca y no lo revisamos a tiempo, fue un error interno”, pero también un aprendizaje. Porque eso es lo que más hubo, aprendizajes de todo tipo, desde los conocimientos adquiridos, y lugares que no conocían, hasta las dificultades en la etapa previa y en el transcurso de la misión, que no sólo les sirvieron a ellos en calidad de estudiantes sino también como personas.

De la Ingeniería Industrial pusieron en práctica competencias como la realización de presupuestos, aspectos logísticos, tiempos; la mejora continua, conceptos de planeación, cronogramas, planes de trabajo; y la ingeniería de costos, para analizar financieramente si una actividad era factible o no. Es por eso que esta actividad es importante y debe seguir haciéndose porque “nos nutre mucho a nivel profesional como personal para ser ingenieros integrales” finaliza Nathalia Rojas.

Ser líder no es fácil, dirían todos los que se encargaron de esta misión, pero aparte de fortalecer sus habilidades como líderes, sus compañeros agradecen sus decisiones, porque sin éstas la Misión a la Costa Atlántica no hubiera sido un éxito. Y es que a pesar de “a veces las cosas no salen como uno las planea” como dice Carlos Montenegro, o que “poner de acuerdo a 45 personas es un reto” como afirma Nathalia, todos coinciden en que el mayor aprendizaje fue el trabajo en equipo, y la integración como semestre. Asimismo, que es necesario “siempre tener un plan B y un plan C si se puede”, saber delegar, y como dice Daniela Becerra “nos enseña a sacar adelante un proyecto, porque no es fácil planearlo desde cero y sacarlo adelante, además de que uno no dimensiona lo grande que es Colombia hasta que lo puede llegar a conocer”.

Llegó la noche y con ella la despedida, todos vestidos de blanco para agradecer y festejar en Hard Rock Café Cartagena, y una última bailadita antes de regresar al otro día a su ciudad de origen.